Usain Bolt ya no es más la revelación jamaiquina que había aparecido un año antes de los Juegos Olímpicos de Beijing, ya es el deportista de la década, al que habría que hacerle un estudio para ver si es humano.

       Tiene la capacidad de correr 100 mts. en 9.58 segundos y de hacer un show en cada una de sus carreras. Probablemente no sea un gentleman, un buen ganador. Antes de llegar a la meta se anima a ver a sus competidores y pasar la linea final al trote y hacer gestos de triunfo a las tribunas que se cansan de aplaudir a un fenómeno, a alguien fuera de lo común.

       Consiguió el record mundial en 100 y 200 metros en el último mundial de atletismo de este año de Berlín que ya eran suyos. Y quiere seguir superándose. Se anima  a decir que todavía puede bajar los 19.19 en los 200 mts.

          Bolt obligó a sus competidores a conformarse con un segundo lugar. Corredores estupendos como su compatriota Asafa Powell y el estadounidense Tyson Gay quienes hicieron marcas muy buenas cuando corrieron contra él pero no les alcanzó se tuvieron que conformar con poco.

       No parece tener techo y no parece querer tenerlo. Apunta con su mano al cielo antes de cada carrera y es ahí a donde quiere llegar, no tiene límites. La semana pasada recién cumplio 23 años y todavía no está en la edad en la que mejor se desempeña un atleta.

        Al revés que los jamaiquinos, Bolt no es amante de Bob Marley. Él prefiere un hip hop mezclado con regaetton. En su página se puede ver las canciones que más le gustan y fotos de él bailándola; una marca personal de él: un book de fotos de cómo es, una persona alegre tanto dentro como fuera de las pistas.  

       La duda no tendría que ser si la velocista sudafricana Caster Semenya es hombre o mujer, la pregunta es si Bolt es humano. Victor Hugo diría: barrilete cósmico, de qué planeta viniste para dejar en el camino a tanto record mundial.