Muchas veces la historia no la escriben los ganadores, no siempre hace falta ser el primero del podio para ser el mejor. También es gratificante sentir que fuiste el superior. El Barcelona español, el mejor equipo de la historia, tendría que aplicar esto, sentirse campeón, porque estos nombres quedarán en la historia.

          Seguramente si uno le pregunta ahora a cualquier jugador del equipo catalán o a su técnico, Josep Guardiola, van a decir que preferían a ver hecho ese segundo gol que los depositaba en la final de la Champions League. El Inter de Italia se sentirá realizado, cumplió su misión, sólo le convirtieron una vez en el Nou Camp y podrá estar en el Santiago Bernabeú para jugar ante el Bayern Munich alemán. 

          Esos grifos que se abrieron para que no se prolongara el festejo de los integrantes del plantel del equipo milanés fue agua bendita para un conjunto que fue mezquino futbolísticamente en toda la copa. Su técnico, José Mourinho, nunca apostó en lo que va del torneo a salir a ganar, ni siquiera como local y perdiendo.

           La semifinal entre el Inter y el Barcelona la ganó el que no quiso jugar, el que decidió llegar a la final a toda costa, el que aplicó el peor invento del fútbol, el “catenaccio”. Los italianos ahora enfrentarán al Bayern Munich, un equipo que se sabe defender y atacar pero que no es mezquino, su entrenador, Luis Van Gaal le imprimió el sello holandés.

            Si el fútbol fuera una religión Italia sería una de las tantas ramas que tienen todas las religiones. El Inter como equipo italiano respetó a la suya y tuvo su agua bendita, pero fue profano a la religión madre, como no lo fue el Barcelona durante toda la copa.

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