Ya van casi ocho fechas de este Torneo Clausura y cualquier persona que entienda aunque sea un poco de fútbol va a opinar que esto es un desastre. No hay quien se salve: veinte minutos de Vélez, diez de Estudiantes, cinco de Independiente y listo, no se puede agregar más.

           Por momentos da verguenza ver que de 24 puntos que estuvieron en juego ningún equipo alcanzó siquiera los veinte, como para ilusionarse con un campeón con muchos puntos. Defensas cerradas, planteos mezquinos, jugadores que hacen tiempo y árbitros que no ayudan mucho para que el juego sea más vistoso. Un coctel letal para el fútbol argentino.

         Entrenadores acostumbrados a atacar están más precavidos, basta ver  Diego Simeone con su dos lineas de cuatro en San Lorenzo. Ya ni Ricardo Caruso Lombardi obtiene buenos resultados con Tigre y sus tácticas resultadistas porque las del rival lo superan y se ve obligado a atacar. 

           Y lo más triste es que los partidos en donde hay muchos goles es porque las defensas son muy frágiles o de contra-ataque. Las únicas paredes que se ven son las de los estadios y los pocos caños que hay son los que están en las tribunas de la cancha de Independiente que faltan construir.

           Ya no hay más campeones de casi 5o puntos, ya no existe esos partidos épicos que terminaban con cinco o seis goles (a excepción de algunos pero porque las defensas son muy malas, no por mérito de ataque). El torneo argentino se emparejó para abajo, los grandes ya no son lo que eran, todos los equipos pueden llevarse puntos de cualquier cancha. Ya van siete fechas y 3/4 (faltan jugarse 3 partidos) y se puede afirmar que esto no se está poniendo muy feo, se está poniendo muy feo.

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