No hace falta aclarar lo que significa Ariel Ortega en River, causante de llantos de alegria por cada gol o jugada, y también de tristeza ante cada recaída en la lucha contra el alcoholismo. Lo dieron por retirado cuatro veces ya y siempre vuelve y siempre juega bien.
Le avisaron que lo más probable era que este campeonato fuera suplente pero siempre avisó que quería jugar. Y lo hizo, Ángel Cappa se dio cuenta que no podía no ponerlo de titular porque es la pausa necesaria y la habilidad que requiere River.
Cuando se lee lo importante que es el jujeño, nadie puede imaginar que tiene 36 años y es indispensable. Jugó seis de siete partidos de titular y en uno no pudo estar por una expulsión mal sancionada.
El domingo parece dficil que pueda estar ante Quilmes por una fatiga en el gemelo que lo aqueja desde el domingo en la derrota ante Newell´s que estuvo todo el encuentro en cancha. Suena increible que no se pueda lesionar, que no le permitan sentir un dolor, una molestia.
Los medios ya hablan de una posible llegada tarde, ayer, y que Ortega no estaba en sus mejores días. Pero, habría que creer un poco más en que un jugador de 36 años se puede lesionar y que no es de acero como Matías Almeyda.
